BIENVENIDOS
AL IDEALISMO PRÁCTICO
"Sorprende ver que la juventud haya renunciado a sus ideales".
La primera frase es cita y homenaje (homenaje a un niño tétrico que ahora vive en el cuerpo de un periodista de zapatos nuevos y cita de un señor muy sabio que quiere que le sorprendamos y nos lanza el reto).
Generalmente podemos identificar a dos tipos de personas: los prácticos y los soñadores, el idealista y el materialista, los que actúan y los que opinan cómo se debería actuar.
"Sorprende ver que la juventud haya renunciado a sus ideales".
La primera frase es cita y homenaje (homenaje a un niño tétrico que ahora vive en el cuerpo de un periodista de zapatos nuevos y cita de un señor muy sabio que quiere que le sorprendamos y nos lanza el reto).
Generalmente podemos identificar a dos tipos de personas: los prácticos y los soñadores, el idealista y el materialista, los que actúan y los que opinan cómo se debería actuar.
El idealista, por tendencia general, asume su papel de caballero justiciero de la sociedad. Critica, ataca lo establecido y desarrolla sus ideas, pero en un plano reducido. Quizá las expanda hacia los que tenga más cerca de él, haga un proselitismo de su ideario con esperanza de regar otras mentes para alcanzar esas cotas de perfección que tiene proyectada en la suya propia. Sin embargo, el idealista sufre del síntoma de la inacción permanente. El mundo ha establecido sus reglas y tras X tiempo de lucha, el idealista, amargado, cansado, hastiado, envejecido, se sume en un estado de ostracismo total, encerrado en su propia jaula de ideas cojonudamente inútiles.
El idealista ineficaz, el idealista cansado, buscará como buscan los elefantes viejos, compañía para acudir al cementerio. Y sus ideas mueren junto con las de otros, en formaciones políticas igual de ineficaces que sus ideas, o quedan para siempre atados a la triste condena de la barra de bar y del discurso vacío de contenido que suelta de memoria, en una suerte de panfleto memorizado y reproducido hasta la saciedad, que suena a disco rayado.
Nada más triste que ver que un idealista frustrado. Ellos siguen utilizando palabras como Sistema (concepto refugio de cobardes que no toman las riendas de sus vidas), justicia o igualdad, pero los oyes y sabes que ni ellos mismos se creen lo que dicen, las usan sabiendo que es sólo una pose, las usan sin merecerlo, porque no han sudado esas palabras.
Los idealistas son los niños que sobrevivieron a la infancia y siguen persiguiendo sus sueños. Pero parafraseando a un irlandés que una vez escribió y se murió por ser idealista, no cuentan con que las pesadillas también son sueños.

El práctico se levanta cada mañana y no se pregunta el por qué. Es feliz, tal y como las cosas son. El práctico disfruta de su vida, sin preguntarse el qué puede cambiar para que vaya a mejor. Los prácticos prefieren acciones a discursos, cuentas corrientes en saldo positivo que dilemas metafísicos, y sus grandes palabras suenan como tangible, interés o activos. Son felices, pero no hacen de este mundo un mundo mejor porque no se plantean que esté mal diseñado. El práctico es un niño que creció y vio que sus sueños eran sueños, asumió ese Sistema y trabajó duro en él.
Propongamos una tercera vía, el híbrido perfecto, el que hace de Juez y parte, el Superman de los Idealistas, el Principito de los Materialistas: el idealista práctico.
Si es necesario el idealista práctico colgará el cóctel molotov y la pancarta (léase en sentido figurado o literal, según el caso), ocupará su silla en la universidad, cambiará la palestina por el traje, leerá lo máximo que pueda, estudiará para ser el mejor, trabajará duro, trabajará muy duro. Y usará el Sistema, se beneficiará de él para llegar a ser el mejor.
Y cuando sea el mejor gozará de Poder para desarrollar sus ideas. Utilizará las armas que el mismo Sistema le proporcionó para cambiarlo desde arriba, dictando leyes justas de manera legítima, explicando sus cambios, proporcionando igualdad a sus trabajadores como directivo de éxito, imponiendo un sistema retributivo justo.
No vale gritar y no hacer nada, no queremos acabar como esos elefantes moribundos que nos hablan de ideales que no se creen. No dejemos de ser los niños de la sociedad, pues hacemos falta. Seamos los mejores en lo nuestro, sin olvidarnos por el camino.
Bienvenidos al mundo del idealismo práctico. Tiembla, mundo tiembla. Tiempos mejores están por venir y tú y yo los lideraremos.
Y así podré empezar el siguiente escrito así: "Sorprende ver como la juventud ha conquistado sus ideales".
Muy Interesante corto pero sustancioso !! Saludos de Bogotá , Colombia
ResponderEliminarPero el idealismo práctico tiene un pequeño problema. Hay que ser el mejor, hay que esforzarse. yyyyy ahí les chirría a muchos.
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