lunes, 10 de diciembre de 2012

Hoy va ser un gran día



HOY VA A SER UN GRAN DÍA

Abres un ojo mientras escuchas una música a todo volumen. Tardas un par de segundos en reconocer que esa música es tu despertador. Lo apagas, mientras te escribes en una mental que debes cambiar de canción para el despertador porque ya has conseguido aborrecer esa que tanto te gustaba. En el mismo movimiento de mano, de difícil ejecución pero que te supone un puro reflejo por las veces repetido, enciendes la luz y vuelves a meter la mano debajo de la calidez del edredón. 

Notas una cierta molestia mientras tu pupila se reduce a un minúsculo punto negro. Tu otro ojo se resiste, parece que es igual de perezoso que tú a la hora de empezar el nuevo día. Finalmente tu cerebro adormecido se impone y consigues que la orden emitida se haga efectiva. Luego el resto de tu cuerpo. Te estiras un poco y arrugas la cara entera. Sueltas una especie de suspiro que se mezcla con un bostezo y lo deja en un sonido gutural. Piensas que recién levantados somos un poco menos evolucionados y civilizados de lo que nos creemos ser. 

Te liberas del abrazo suave y mortal del edredón. Sabes que es el asesino de voluntades y metas más sigiloso y efectivo del mundo y que todas las mañanas se produce este combate en cada una de las camas del mundo con distintos resultados. Hoy te sabes ganador y lo celebras con una sonrisa que, por ser demasiado temprano, se queda en una mueca.

Te sientas al borde de la cama y por un segundo piensas en la dualidad de ese maldito edredón, que por las noches te da calor y cobijo y en las mañanas se convierte en tu peor enemigo.

Cuesta irse de su lado. "Te echaré de menos" le dices mentalmente mientras te preocupas por saber si tienes demasiada imaginación. Notas el cambio de temperatura e imprecas en voz baja, siempre lo misma frase, como si fuera un ritual "Joder, qué frío". Al mismo tiempo abres el armario y coges una camiseta que te enfundas rápidamente. 

La misma operación de siempre. Despensa, coger café y leche abrir cafetera, calentar leche. Es el número máximo de acciones de las que te sabes capaz a esa hora. Pones la cafetera en el fuego. En este momento entiendes lo que es un encefalograma plano, que empieza a curvarse en cuanto el aroma a café inunda la cocina en tu rescate.

Coges tu taza preferida. Siempre es la misma y no sabes por qué. El día que no está te molesta, el día comienza torcido, se rompe la rutina y tu cerebro no sabe asimilarlo. Piensas si eres un maniático pero, qué cojones, es mi taza favorita. Con eso no se juega. La proporción de café y leche varía mínimamente, pero siempre pones un poco más de café una vez servido. Te sabes carajote y se lo reconoces a la taza, mientras le pones un poco más.

"Hoy toca desayuno de los campeones" te dices mientras sacas un cigarro de la cajetilla. El primer sorbo y la primera calada del cigarro son uno y se fusionan dándole a tu cerebro el primer soplo de vida desde que te despertaste. Notas como tu cuerpo empieza a carburar. Disfrutas del momento y saboreas la negrura del café y su gusto amargo y la sensación de humo en los pulmones. Luego habrá más cigarros a lo largo del día, pero con la lentitud y el placer de ése no hay ninguno. Ojalá sólo pudieras fumar ése. Maldita nicotina. 

Piensas en comer algo, el desayuno es la comida más importante del día te repiten siempre. Pero parece que a tu estómago alguien le ha echado el candado e incluso aquello por lo que matarás dentro de unas horas ahora sólo te produce una sensación de fatiga.

Subes y te das una ducha. De agua caliente al principio y un poco fría al final. Te aclara la cabeza y te despeja el pensamiento. Vuelves al cuarto, compruebas que está todo en orden, enciendes el portátil.

En el tiempo que tarda en arrancar, te sientas en la silla, estiras las piernas y la espalda, enciendes un segundo cigarro y abres un documento en blanco. Todo en uno. 

Ahora sí que sale la sonrisa amplia, satisfecha. Has ganado la batalla matutina, el resto es pan comido. Pones una muesca en tu cuenta mental de victorias mientras te dices mentalmente que hoy va a ser un gran día.

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