lunes, 10 de diciembre de 2012

Momentos


Hay dos momentos que definen la clase de persona que eres, mejor dicho, por tus conductas o tus actitudes cuando llegan esos momentos se puede deducir quién eres.

Es vestido de tus mejores galas y con los focos apuntando para ti. Es cuando la gente te admira y algunos sienten envidia. Es con la cuenta corriente llena, el estómago satisfecho, la fama lograda. Cuando parece que la vida es inagotable para ti, quieres bebértela en cada gota, saborear cada segundo.

Es cuando has alcanzado tu cenit y cuando esa sensación de gloria y poder que te corre por las venas, te llena de euforia y te hace sentirte todopoderoso, invencible, es justo en ése momento cuando sabremos todo sobre ti.

Cuando las cosas salen sin haberlo planeado.

Cuando te sientes así sabremos si eres humilde, si eres generoso, si eres sincero, si eres honrado, si eres feliz.

Es roto por dentro, destrozado, carcomido por las dudas (las tuyas propias y las ajenas) cuando parece que el norte ha quedado tan lejos que ni lo vemos, cuando te duela el alma de sufrir. Es cuando las caídas han sido tantas y tan variadas que hace tiempo que sonríes con tan sólo medio lado de la cara, en una mueca grotesca.

Es cuando la vida te la quieres beber, pero de un tirón para que dure poco el mal trago, y corriendo el riesgo de que sea la vida la que te beba a tí, en cada barra de bar donde te acodes. Cuando las sonrisas cada vez te cuestan más. Cuando sentirte sin ganas de nada lo incluiste en tu gama de emociones diarias.
Cuando las cosas no salen por más que lo intentes.


Cuando caes hasta el fondo, y todo se hunde a tu alrededor sabremos si eres humilde, si eres generoso, si eres sincero, si eres honrado, si eres feliz.

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