Hay dos momentos que definen la clase
de persona que eres, mejor dicho, por tus conductas o tus actitudes
cuando llegan esos momentos se puede deducir quién eres.
Es vestido de tus mejores galas y con
los focos apuntando para ti. Es cuando la gente te admira y algunos
sienten envidia. Es con la cuenta corriente llena, el estómago
satisfecho, la fama lograda. Cuando parece que la vida es inagotable
para ti, quieres bebértela en cada gota, saborear cada segundo.
Es cuando has alcanzado tu cenit y
cuando esa sensación de gloria y poder que te corre por las venas,
te llena de euforia y te hace sentirte todopoderoso, invencible, es
justo en ése momento cuando sabremos todo sobre ti.
Cuando las cosas salen sin haberlo
planeado.
Cuando te sientes así sabremos si eres
humilde, si eres generoso, si eres sincero, si eres honrado, si eres
feliz.
Es roto por dentro, destrozado,
carcomido por las dudas (las tuyas propias y las ajenas) cuando
parece que el norte ha quedado tan lejos que ni lo vemos, cuando te
duela el alma de sufrir. Es cuando las caídas han sido tantas y tan
variadas que hace tiempo que sonríes con tan sólo medio lado de la
cara, en una mueca grotesca.
Es cuando la vida te la quieres beber,
pero de un tirón para que dure poco el mal trago, y corriendo el
riesgo de que sea la vida la que te beba a tí, en cada barra de bar
donde te acodes. Cuando las sonrisas cada vez te cuestan más. Cuando
sentirte sin ganas de nada lo incluiste en tu gama de emociones
diarias.
Cuando las cosas no salen por más que
lo intentes.
Cuando caes hasta el fondo, y todo se
hunde a tu alrededor sabremos si eres humilde, si eres generoso, si
eres sincero, si eres honrado, si eres feliz.
Precioso
ResponderEliminar